11 May VIAJE PRIMAVERA MÁLAGA. 11-15 MAYO
ENTRE LA PENIBÉTICA Y EL MEDITERRÁNEO, HACIA MÁLAGA.
Esta vez sí. El silencio de la siesta facilitó la inocente cabezada, o la paz necesaria para seguir el camino a casa. Fue mucho lo propuesto y nada lo incumplido. Era este un buen momento para recordar.
Todo empezó cuando apenas el día once existía, un flamante autobús junto a la CHJ esperaba. Almorzamos, comimos y fuimos viviendo el riguroso cambio en el paisaje. Invernaderos para la producción e innovación en frutas y verduras, que, buscando eficiencia, adaptan clima y suelo. El resultado, amplias zonas de terreno cubierto y reconocido desde el espacio.
Pronto llegamos a Frigiliana, lugar lleno de historia, pero como en tantos otros, lo más, está en lo alto, allí donde el autobús no cabe y donde solo quedan las capacidades personales para caminar “una horica y aun” por el empedrado. Como fui uno de los capaces, vi en la cumbre un restaurante, “El Mirador”, ¿subirá alguien? Otros desde lo llano, en una mesa con vaso, esperaron el relato de los héroes. Adiós Frigiliana nos vamos a Málaga.
Apenas una hora por espectaculares viaductos y túneles salvando discontinuidades. El paisaje pasaba de lo agrícola a lo turístico, de casas aisladas en cualquier sitio, a cómodas y elegantes urbanizaciones. El destino estaba cerca y con él, el hotel que nos acogió las cuatro noches de nuestro viaje de primavera.
El segundo día amaneció relajado, las nueve y cuarto era hora de jubilado con compromiso de abuelo incluido.
Alberto, nuestro guía, nos esperaba en el centro de Málaga para iniciar el recorrido que como certeramente dijo, seria largo. Empezó la visita en la zona de la Alameda. El conjunto ABC identifica a tres edificios singulares: A, ayuntamiento, B, banco y C correos. La Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación, su impresionante Coro y Órgano fue otra etapa de la visita. El Teatro Romano marcaba el camino hacia La Alcazaba. Subimos mucho, aveces escaleras, otras rampas, pero había que llegar para disfrutar de la vista de la ciudad, entre lo importante, el ático de Antonio Banderas a quien reconocimos después camino del descanso y la comida. Por la tarde, Picasso nos esperaba en su museo, atendido el compromiso, algunos visitaron el de Bellas Artes.
Era momento de libre disposición, el hotel fue la opción mayoritaria porque al anuncio del guía había que añadir que el día seria cansado, muy cansado.
La cena quedaba a criterio de cada cual, cualquier cosa sería suficiente porque a la comida no le falto nada.
Empezaba el tercer día a las nueve menos cuarto. Habíamos desayunado suficiente para llegar cómodos a la comida. El destino era Ronda y Setenil de las Bodegas.
Antes de empezar la visita a Ronda, sorprendieron algunas normas del Ayuntamiento: limitación a la circulación de autobuses, andaríamos más, y el pago de cincuenta céntimos cada vez que surja la necesidad de utilizar un aseo en la estación de autobuses.
Es difícil resumir toda la belleza y espectacularidad de Ronda como comentan los rondeños, quizá por eso en una visita como la nuestra, vale lo que comentaba el guía. La Alameda del Tajo, un paseo que acaba en un mirador cuya altura impresiona. El puente nuevo y la plaza de toros con su museo taurino son lo más representativo. Sea cual sea el orden de importancia, es cierto que todos entendimos que lo espectacular y la belleza del lugar son evidentes. Calles limitadas a peatones y protegidas con toldos ayudan a la atención del visitante. Andamos por lo viejo y por las zonas que no lo eran tanto, hasta llegar al restaurante donde Carmen la de Ronda, con su “rabo de toro” hace honor a la historia taurina del lugar. Buscamos y encontramos el autobús donde los cincuenta céntimos. Setenil de las Bodegas nos esperaba, aunque debíamos entrar andando, el bus tenía prohibido el acceso. Quizá por eso, no todos vimos la gran roca suspendida entre casas, la calle Cuevas del Sol, la calle Cuevas de la Sombra, la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación… El programa del día había finalizado.
Las nueve menos cuarto, cuarto día, destino Antequera. Nos esperan los Dólmenes de Viera, de Menga y El Romeral. Aunque solo entramos en el de Menga.
La Peña de los Enamorados, y su tierna historia de amor, muestra el perfil de la cara de un hombre mirando al cielo, buscando, tal vez, a los amantes. Antequera, donde más iglesias hay por habitante, ofrece la posibilidad de admirar estilos y un amplio Santoral en sus Capillas. Visitamos la Iglesia del Carmen. La real Colegiata de Santa María la Mayor dedicada en la actualidad a visitas turísticas, exposiciones, conciertos…Junto a ella la Alcazaba en cuya historia por la conquista de Granada, se cita la frase “Salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera”, nuestro guía matizó su sentido. La hora marcaba el momento de buscar el restaurante, de nuevo andar subiendo para encontrarlo. Allí estaba, lejos y alto. La tarde empezó donde El Torcal, extensa superficie Kárstica, sedimentos marinos acumulados, viento, nieve, lluvia y millones de años para llegar a la imagen actual.
Salimos hacia el hotel, prepararemos el equipaje que debe estar listo para iniciar la vuelta a casa mañana a las ocho y media. Iremos a Nerja, donde “Verano Azul”, una foto junto al Barco y otra en el mirador, cerraban el programa de visitas y empezaba el camino a Lorca. Allí comeríamos y algo más.
Junto a los jubilados viajeros, sus parejas hacen que todo sea posible. Las nuevas incorporaciones muestran la capacidad de convocatoria, pero como en cualquier oposición hay que superar un examen. No conocí suspenso alguno y sí un alto nivel. Será por eso el extraño sorteo en el que todas ellas, y solo ellas, reciben regalos. Procuraremos esforzarnos para al menos, ir mejorando adecuadamente.
Empezaba la crónica con la dicotomía siesta- momento para recordar. Llegados a este punto creo que hemos recordado y tal vez soñado por donde nos llevará el otoño.
11 a 15 de mayo de 2026
