30 Oct EXCURSIÓN JARDINES DE L’ALBARDA Y CUEVA DE LAS CALAVERAS
DESCUBRIENDO JARDINES Y CUEVAS.
Una vez más decidimos buscar argumentos para compartir tiempo y espacio. Una vez más, los de siempre, asumieron el compromiso de proponerlos. Una vez más, para el resto, nos fue sencillo elegir la mejor de sus sugerencias.
Quisimos buscar un día que amaneciera sin prisas para llegar, con la “paz del Jubilado”, a nuestro punto de partida, la CHJ. Que los nietos ya atendidos, nos permitieran disfrutar con los compañeros viajeros.
Debíamos elegir entre lo cercano, para disminuir tiempo de viaje, y allí, entre lo más capaz de satisfacer. L´ALBARDA, Jardín Mediterráneo en Pedreguer y LA CUEVA DE LAS CALAVERAS en Benidoleig, fueron la unánime opción.
La perfecta planificación exigía salir a las 9,15, para llegar a Fabara, donde almorzamos lustrosos bocadillos, de treinta centímetros, llenos de buen gusto. Gran principio para continuar hacia Pedreguer donde nos esperaba L´ALBARDA, un jardín con historia en la que nos fue introduciendo el excelente guía que nos recibió. Todo empezó en la privilegiada ubicación junto al Parque Natural del Montgó, cuando D. Enrique Montoliu desde su Valencia, dejo sus negocios de pesca para buscar espacios con, especial flora y fauna, para protegiéndolos, disfrutarlos. De ese primer hito, nace la decisión de buscar amplias zonas sobre las que actuar. Tuvo que nacer La Fundación FUNDEM, con socios que, con cincuenta euros anuales, contribuyen a comprar por toda España, lugares especialmente respetuosos con la naturaleza. Fruto de la política de expansión, en nuestra visita a este Jardín Mediterráneo comprobamos que de la extensión inicial de D. Enrique, se había pasado a los 50.000 metros cuadrados actuales. Recorrimos muchos de los senderos de su trazado y en cada tramo apreciamos parte de las 700 especies de plantas amigas, también el sonido del agua en las fuentes y cascadas y el colorido de las “grandes carpas” en charcas y estanques. Entre todo, aún quedaba espacio para organizar conciertos. Definitivamente era hora de marchar, pero como comentó el guía, tan satisfechos estábamos, también él, que superó con creces el tiempo que pensaba dedicar al recorrido.
El restaurante esperaba. Tras la comida y algún chupito, iniciamos el camino hacia el Paleolítico Medio y Superior: La Cueva de las Calaveras. Una secuencia de altas bóvedas apoyadas en paredes irregulares labradas en el terreno. Algunos recorrimos la zona autorizada, unos trescientos metros. La espectacularidad del conjunto justifica nuestra visita y lo acertado de incluirla en el programa.
Una vez más fue bueno el proyecto, el replanteo y la ejecución.
Las horas no son lo que eran, pierden poder y claridad, siendo así, pronto a casa, la CHJ espera.
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