EXCURSIÓN A BUÑOL

EXCURSIÓN A BUÑOL

 

El pasado jueves 27 de marzo, acudimos al lugar donde estábamos convocados 24 personas, con el nuevo autobús escolar, que nos llevó directamente a almorzar al bar “La Tomatina”, hay que reseñar que los bocatas estaban «de categoría», con olivas, cacaos y todo lo que le sigue. Así que empezamos maravillosamente el día de excursión.

La primera visita guiada fue al cementerio de Buñol, a contemplar las lápidas de los aguerridos buñolenses/buñoleros, que decidieron poner sus emblemas para la posteridad; el triángulo con el ojo de Dios, la hoz y el martillo, el clavel, la rosa o la recreación a la pertenencia de una de las dos bandas de música rivales.

Tras un paseo por la ribera del río Buñol, que es el inicio del barranco del Poyo, vimos las fábricas de papel ya abandonadas y el museo de la principal que abastecía a toda España de papel guarro, el de estraza y del de mayor calidad para los documentos oficiales.

Recorrimos las calles de Buñol donde se celebra la fiesta grande de la Tomatina, que se celebra siempre el último miércoles de agosto, y que ha puesto este pueblo en el mapa mundial, y como curiosidad en sus nombres, figuran las diferentes denominaciones, desde principios del siglo pasado, y en verdad, que debió tener un sentimiento muy republicano y social.

La comida aupó más la gastronomía de la zona, con un gazpacho sensacional y el bacalao con tomate, mejor que el de Portugal.

El castillo fue una sorpresa, con algunas viviendas en el interior, y un puente intermedio que haría muy difícil su conquista, era el paso hacia Castilla, y por tanto, su situación estratégica inmejorable. Las vistas sobre la hoya de Buñol también nos cautivaron.

Increíblemente a las 19 horas llegamos a Valencia habiendo pasado una jornada muy entrañable.

 

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