19 May VIAJE DE PRIMAVERA: ASTURIAS DEL 15 AL 19 DE MAYO
Elegido el destino, había que definir qué hacer en Asturias, para que en la cantada ocasión de los que viajaríamos, del 15 al 19 de mayo, no faltara nada. El reto era sencillo para los que siempre lo asumen, y nada faltó.
Como siempre, ante tanto, la jornada inicial debía ser “muy matinera”. Las nubes, compañeras de viaje, anunciaban con acierto las lluvias con las que nos esperaba Oviedo y la guía. Con ella conocimos el centro histórico y la evolución industrial y comercial que condujo a la ciudad actual. Se cumplía exhaustivamente el plan previsto en el programa, y llegaba el tiempo libre que muchos entendimos como la hora de cerrar el día para buscar descanso en el hotel. Otros, supieron de terrazas donde tomar…como paso previo.
El segundo día, con salida más relajada, nos llevaría a Covadonga, Cangas de Onís y Ribadesella.
Llegar a los Lagos, suponía recorrer un trazado en el que groseras curvas, lo convertían poco adecuado para un pasaje jubilado. Territorio de vacas por excelencia, en el que tienen prioridad para imponer su paso lento y la siembra de excrementos. Por todo, algunos decidieron esperar en el autobús, mientras los demás, caminaron en busca del último lago. La falta de comunicación, ocasionó un retraso para recomponer el grupo y dirigirnos al Santuario de Covadonga. Junto a la cueva de la Virgen, la fuente de los Siete Caños, y su influencia en la fecha de la boda para quienes de ella beben. La visita a la Basílica de Santa María la Real la hicimos desde la distancia porque el restaurante Llantares nos esperaba. Así llegamos a Cangas de Onís, quizá rodeado de lo más bello entre lo bello: Picos de Europa cubiertos de nieve, dominando con fuerza un extremo y el rio Sella en el otro. En la visita al pueblo destacamos el Puente Romano, con la Cruz Símbolo de Asturias, colgando del arco central. Tras un ligero paseo por otras calles, decidimos emprender viaje a Ribadesella.
Elegimos un camino paralelo al rio Sella por el que discurre la regata que se celebra en agosto desde Cangas de Onís a Ribadesella. El Naranco quedo en la distancia porque el medio de regreso al hotel lo exigía.
El tiempo libre se distribuyo como en el día anterior, compras, cena ligera en terrazas y algunos, directos al descanso. Mañana “jornada matinera”
Taramundi lugar de los molinos Mazonovo, nos mostró en dos aldeas, y de forma viva, como una inteligente utilización del agua, permitía cubrir todas las necesidades de sus habitantes. Desde molinos para distintos tipos de granos, cuya harina resolvía la alimentación de animales y personas, hasta la ingeniería precisa para la activación de dinamos que iluminarían lo oscuro, y herramientas que permitían su estilo de vida. La arquitectura que lo protege, dan al conjunto clara idea de la capacidad imaginativa de los que lo hicieron. Tras la comida en Navia, nos dirigimos a Cudillero.
Desde el puerto, contemplamos lo escalonado de sus casas y el variado colorido de sus fachadas. En la explanada, terrazas y más terrazas, ofrecían para comer lo mejor que da la pesca, mal momento para degustarlo cuando el ultimo chupito aún seguía presente. Luarca quedaría para otra visita, el horario aconsejaba la vuelta a Oviedo (Uvieu gente de gaita y tambor). Tiempo libre, paseos, compras, descanso. Mañana espera Gijón desde una hora moderada y un desayuno sin churros pero con tortilla.
Beatriz, nuestra guía, nos esperaba en las proximidades de la Universidad Laboral, primera etapa de la visita. Supimos de su historia, de su actividad, de la estructura de su iglesia, de su torre, de su teatro…aunque quizá por ser sábado o por el tiempo disponible no pudimos cruzar muchas puertas. Puede también que no nos vieran como grupo de interés para ocupar aulas y habitaciones de la residencia. Lo visto y visitado, fue suficiente para contemplar la espectacularidad de la edificación y sus espacios. La playa de San Lorenzo esperaba. Después el barrio de Cimadevilla. Vamos cumpliendo el programa y comprobando un día más, que Asturias también es muy dulce, no faltan especialidades pasteleras para el gusto exquisito, ni viajantes que compran y acumulan en el altillo del autobús. Visitamos la Iglesia donde hay listas de espera de 2 años para casarse, y sin embargo se casan como comentó uno de los nuestros. El restaurante esperaba y el tiempo era escaso. Lastres seria el próximo pueblo, del que solo pudimos ver el exterior de la Iglesia y apenas alguna calle. La lluvia incesante invitó a iniciar camino a Villaviciosa, donde el lagar el Gaitero. La visita a la fábrica acabó con una degustación de su sidra. La vuelta nos dejó en condiciones de completar con el tiempo libre, las últimas compras, y visita donde las terrazas y sus pinchos. A la vuelta al hotel debíamos hacer coincidir la capacidad de las maletas con lo habitual y las compras realizadas, difícil tarea cuando el número de nietos y nueras…lo arreglaremos dicen las Camineras. Mañana debemos salir con los “bultos” para llenar la bodega del autobús.
Avilés el último destino de nuestro viaje. Tercera ciudad de Asturias tras Oviedo y Gijón. Como comentó la guía, estamos tal vez en la que fue la ciudad más contaminada y que evolucionó progresivamente con la desaparición de grandes empresas siderúrgicas y mineras. Su trazado muestra también las consecuencias de claras separaciones sociales. Tras la visita al centro histórico y en algún caso al Centro Cultural Niemeyer, llegamos al restaurante donde celebraríamos la postrera comida del viaje, y como tal acabaría con el examen a la caminera incorporada y el reparto de premios ya habitual a todas ellas.
El traslado al aeropuerto y los trámites ordinarios, aproximaban la vuelta a casa. Antes, y como ocurre en los cuentos, durante el vuelo, una caminera mereció la atención de un joven que le obsequió con una bonita canción que los más próximos aplaudimos.
